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relatos Cielo Rojo

Súcubo – Capítulo 36

abril 11, 2021
Niña científica

 

Esta es la continuación de mi novela Íncubo, por lo que si no lo has hecho ya, te animo a que la leas antes de seguir con este capítulo.

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Lo que vas a leer a continuación es un borrador sujeto a cambios y sin apenas revisión. Si quieres disfrutar de esta novela en condiciones, te recomiendo que esperes a su publicación y puesta a la venta, tanto en formato físico como en digital. Si por el contrario quieres reírte un poco de un escritor venido a menos, disfruta del siguiente capítulo.

Necesitar dormir

Marta había repetido las mediciones varias veces; Julio había insistido en ello, a pesar de que hasta ahora nadie las había puesto en duda. Aunque los cálculos eran sumamente complejos, tenía plena confianza en lo que hacía y, en cierto modo, le molestaba que su compañero contemplara la posibilidad de que pudiera estar equivocada.

En realidad no podía culparlo.

—Julio, es lo que hay —replicó ella— y por más que los miremos una y otra vez los datos no van a cambiar.

Ambos se encontraban en la misma tienda desde la que habían hecho las pruebas con el dron militar unas horas antes. Desde entonces ninguno había podido descansar y, sin duda, eso también estaba afectando a sus niveles de tolerancia.

En ese instante entró el coronel Escudero. Marta había insistido en hacerlo llamar a pesar de los reparos de Julio. La expresión del alto mandatario militar mostraba el mismo nivel de preocupación y agotamiento que la de ellos.

—Espero que sea importante porque tengo ahí fuera un infierno que coordinar —dijo el coronel con evidente impaciencia.

El infierno que mencionaba Escudero era el despliegue de infinidad de tropas procedentes de varios países y cuyo trasiego no se había dejado de escuchar en ningún momento a lo largo de toda la noche.  A pesar de que los dos habían permanecido casi recluidos en aquella carpa preparando y monitorizando en remoto el despliegue del globo ahora desaparecido, habían sido testigos de primera mano de aquella llegada masiva de soldados y vehículos a la base.

Julio se paseó nervioso por la estancia; era evidente que todo aquello lo sobrepasaba.

—No tengo todo el día —insistió el coronel—. ¿Qué sucede? ¿Sabemos algo los tripulantes?

Habían pasado algo más de noventa minutos desde que el Bloon, el globo estratosférico cedido por los de Zero2Infinity para aquella operación, atravesara el horizonte de la singularidad y desapareciera sin dejar rastro.

Marta se armó de valor y comenzó a hablar. No podían perder más tiempo.

—Es la Evanescencia —explicó ella—, ha cambiado su comportamiento.

—Todavía no estamos seguro de eso —atajó Julio.

Marta perdió la paciencia ante la negativa de su compañero a asumir lo evidente.

—¡Tú has visto los datos igual que yo!

El coronel se masajeó la sien y respiró hondo sin decir nada. Su silencio bastó para que ambos dejaran de discutir.

—Explicadme con palabras simples qué es lo que habéis visto —ordenó el coronel.

Marta cogió un cuaderno y le mostró varios números pintarrajeados con una caligrafía casi ininteligible.

—Mire estos valores, corresponden al crecimiento constante que había mantenido hasta ahora la Evanescencia. Según estos datos habíamos estimado un incremento de medio punto porcentual de diámetro cada dos minutos y veinte segundos.

El coronel asintió interesado.

—No puedo decir que pueda leer o entender lo que pone ahí, pero ya tenía esa información, sí. ¿Acaso eso ha cambiado?

A pesar de las indicaciones del coronel sobre su incapacidad para leer el contenido de aquel cuaderno, Marta pasó las hojas hasta dar con lo que estaba buscando. En una de ellas había rodeado con varios círculos en rojo un grupo de aquellos valores y había anotado junto a ellos tres exclamaciones de gran tamaño.

—Desde la desaparición del Bloon, la superficie de la Evanescencia ha pasado de tener setenta y siete mil metros cuadrados a superar los tres mil seiscientos kilómetros cuadrados. Durante unos treinta y ocho minutos desde la incursión del globo, la tasa de crecimiento ha pasado a ser de cuarenta puntos porcentuales, para bajar después a los niveles que habíamos observado hasta ahora.

El coronel la miró estupefacto.

—¿Qué significa eso?

—Que nuestras estimaciones sobre el crecimiento de ese agujero se han ido a la mierda. Ahora mismo tiene un tamaño superior a la extensión de la provincia de Bizkaia y apenas una hora después de que amanezca será tan grande como toda la comunidad autónoma. Prácticamente la mitad de la población del País Vasco, Cantabria y parte de Burgos va a despertar con esa cosa sobre sus cabezas.

Por un momento, las piernas del coronel parecieron flaquear y tuvo que apoyarse sobre uno de los escritorios.

—¿Por qué? —preguntó escuetamente el coronel.

—Es lo que todavía no sabemos —dijo Julio—. Tendremos que analizar mejor los datos y…

—Creo que lo hemos provocado nosotros —atajó Marta—. El crecimiento ha sufrido un incremento justo después de que el Bloon ha atravesado el portal. He revisado los datos de las pruebas que hicimos con el dron y he observado el mismo comportamiento. Durante seis minutos la tasa fue un punto y medio porcentual. Apenas alteró nuestras estimaciones, por lo que no he podido detectarlo hasta que he comparado los números.

—¿Y cuál es la razón de que esté creciendo de esta manera? —insistió el coronel.

—Tengo una teoría, pero no se basa en nada contrastable, es casi una intuición…

Julio fue a decir algo, pero el coronel lo mandó callar con un gesto de la mano e indicó a Marta que continuara.

—Si nos atenemos al relato de Alain de lo sucedido en el restaurante, en un momento dado observaron que la oscuridad, como ellos la llaman, comenzó a extenderse más allá de la entrada e incluso llegó a aparecer en techos y rincones. Esto, en términos prácticos, significa que el volumen del espacio desplazado del restaurante se vio reducido en un momento dado.

»Nosotros también pudimos observar esas variaciones desde nuestro lado. La Evanescencia se desplazó hacia su interior y parte de la entrada volvió a aparecer en nuestra realidad. Antes de eso, sin embargo, llegamos a observar el fenómeno contrario: la Nada parecía extenderse poco a poco a los edificios contiguos.

»Creo que el tamaño de la Evanescencia es fluctuante y que depende de la cantidad de materia que lo atraviesa en uno u otro sentido. Cuando algo de nuestro mundo pasa al otro lado, tiende a crecer, como por ejemplo los gases de la atmósfera cuya diferencia de presión provoca que lo atraviesen manteniendo un crecimiento constante. Sin embargo, sospecho que al revés pasa lo contrario.

»Cuando vengan a por nosotros, la Evanescencia dejará de crecer al mismo ritmo y pasará a reducir su tamaño. Quizás por eso hasta ahora solo hemos sufrido el ataque del cuartel de Soietxe.

—Están esperando a que eso crezca lo suficiente —concluyó el coronel.

Marta asintió lentamente. Julio se llevó las manos a la cabeza.

—Es solo una teoría; no podemos olvidar que la Evanescencia como tal y el espacio desplazado que era restaurante son cosas distintas y que por tanto podrían regirse por leyes diferentes, pero me cuadra tanto… Si tengo razón, lo que nos espera sería un ataque masivo…

El coronel cogió una silla y se sentó sobre ella pesadamente.

Al ofrecer aquella explicación en voz alta, Marta tuvo la impresión de que de alguna manera se hacía real. Miró el monitor que mostraba aquel fenómeno capaz de desafiar todo lo que sabía y lo único que sintió fue el cansancio acumulado de las últimas horas. Sin duda, necesitaban dormir.

Jorge Serrano Celada